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“Que hable, que socialice” esa es la meta que expresan todos los padres de niños con autismo que aún no han desarrollado lenguaje. Las conductas atípicas como los son los aleteos de manos, el caminar en puntas, el contacto visual limitado, no es lo que mueve a los padres a hacer sacrificios inimaginables en cuanto a dinero, tiempo y esfuerzo, sino el deseo de que sus niños se comuniquen, que hablen y que puedan socializar.
Por las últimas décadas, desde que comenzó a elevarse en forma significativa el número de niños diagnosticados con autismo, las terapias para ayudarlos a comunicarse eran mayormente un acercamiento de modificación de conducta, así como la tradicional terapia del habla y lenguaje. La terapia del habla y lenguaje tradicional suele ser sumamente lenta o poco efectivas por las conductas sensoriales inapropiadas, ausencia de precursores lingüísticos e intención de comunicación muy pobre en estos niños. La terapia enfocada en modificación de conducta tiende a producir niños que se comunican, si logran hacerlo, sólo por necesidad, no socializan y el enfoque es el aprendizaje de destrezas aisladas como lo son el hacer rompecabezas, pareo de iguales, reconocimiento de vocabulario básico de figuras geométricas, números, letras y colores, las cuales aprenden tras múltiples repeticiones y refuerzos.
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